In Santo Domingo, Destinos, Naturaleza y Ecoturismo

Era la primera vez que visitaba Santo Domingo, capital de República Dominicana y una ciudad llena de historia. Fue a sus costas que llegó Cristóbal Colón, pensando que estaba en la India. Fue aquí donde se fundó el primer virreinato de América, siendo el primer virrey Diego Colón, el primogénito del explorador que descubrió este continente.

Fue aquí, también, donde se construyeron la primera catedral y la primera universidad del continente. Sin lugar a dudas, Santo Domingo es una ciudad fascinante, un libro abierto que nos ofrece más de una lección que aprender.

Su centro histórico es auténtico: no ha traicionado a su gente, ni tampoco a su historia. Encontramos niños corriendo en las calles, músicos alegrándonos el día, artesanos fabricando sombreros de paja y efusivos amantes del dominó jugando largas partidas a la sombra de los árboles que crecen en la Plaza Colón.

Me gustan las ciudades, pero reconozco también que lo primero que hago al llegar a ellas es buscar atractivos naturales en los alrededores. Santo Domingo me sorprendió en ese sentido: en medio de la ciudad se encuentra Los Tres Ojos, un espectacular Parque Nacional. Sin dudar un instante y, junto a mis amigos bloggers JL Pastor (See Colombia Travel) y Toya Viudes (Colombia de Una), me dirigí hacia allá. Era la primera vez que hacía ecoturismo en medio de una gran ciudad.

El nombre de Los Tres Ojos se debe a tres de las lagunas subterráneas que lo conforman, aunque en realidad son cuatro las masas de agua que encontramos dentro de sus límites. La última de éstas, la más profunda, y a mi parecer la más bella, no es considerada un “ojo” por encontrarse en la superficie. Sus alrededores son el hábitat de algunas especies de aves, pequeños mamíferos y, también, de enormes helechos, que pueden llegar a medir hasta 4 metros de altura.

La formación de estas lagunas se debe a un fenómeno natural pocas veces visto. Las aguas proceden del río subterráneo Brujuelas, que al emerger de las profundidades da forma a estos lagos. Su belleza y sus aguas cristalinas me hicieron recordar los cenotes que se encuentran en la Península de Yucatán, en México.

Se cree que hace miles de años, en Tres Ojos había un solo lago, cuyas aguas se habrían dividido en cuatro lagunas, todas ellas comunicadas entre sí, luego de que un terremoto derrumbara parte del techo de las cuevas. Cada uno de estos lagos tiene características distintas, y han sido bautizados con los siguientes nombres:

Aguas Azufradas:

Este es el primer lago, el que nos recibe. El nombre le viene gracias a una sustancia blanca que se puede observar en su fondo. Al principio, los pobladores pensaron que se trataba de azufre, y solo años más tarde algunos estudios científicos demostraron que el polvo blanco era una mezcla de calcio y otros minerales.

 

La Nevera:

Este lago debe su nombre a las bajas temperaturas de sus aguas, sobre las que nunca cae el sol. Al lado izquierdo de esta fría laguna existe una pequeña embarcación que sirve para cruzar a la otra orilla y visitar el cuarto lago, conocido como el de los Zaramagullones.

 

El Lago de las Damas:

Es el tercero que visitamos. El nombre proviene del hecho de que, hace algunas décadas, este ojo de agua era utilizado como balneario por mujeres y niños. Su discreta ubicación y sus aguas poco profundas eran ideales para este fin.

 

Lago los Zaramagullones:

El último de los cuatro lagos del Parque debe su curioso nombre a una especie de pato, llamado zaramagullón por los locales, que hasta hace algunos años habitaba en sus aguas. Lamentablemente, la presión generada por las actividades humanas hizo que estas aves migraran hacia otras regiones menos concurridas, y hoy ya no se los puede encontrar más en esta parte de la isla.

El Parque Nacional Tres Ojos, verdadero monumento de la naturaleza, fue descubierto hace poco menos de 100 años, en 1916. Mide 3.5 km2 y guarda vestigios de los indígenas que habitaron la isla en tiempos remotos. Para mi gusto, la presencia de escaleras y barandas de metal, pintadas de verde, interfieren con el paisaje natural del lugar, aunque son necesarias para asegurar la seguridad de los visitantes que deseen acceder a las lagunas. Más allá de estos excesos de cemento y fierro, en las cavernas podemos observar grandes estalactitas, árboles, enredadas raíces y espectaculares formaciones rocosas. Un excelente lugar para encontrar un poco de paz y tranquilidad en medio de la agitada vida de una gran ciudad.

JL, Toya y yo pasamos momentos increíbles en Los Tres Ojos, un destino que no esperaba encontrar en medio de una ciudad de un millón de habitantes como Santo Domingo.

Lo Que Debes Saber…

  • El acceso a los jardines, ubicados en la parte alta del parque, es gratuito. Si quieres acceder a la cavernas debes pagar RD$ 100 pesos dominicanos, equivalentes a US$ 2.50 dólares aproximadamente.
  • El horario de visita es desde las 8:30 am hasta las 5:30 pm todos los días de la semana.
  • El Parque estuvo descuidado hasta el 2008, año en que fue rescatado por las autoridades de Medio Ambiente de República Dominicana.
  • Varios capítulos de la serie “Tarzán, el Hombre Mono” fueron rodados en este parque natural.


Blog post original de Arturo Bullard: https://arturobullard.com/parque-nacional-los-tres-ojos-ecoturismo-en-medio-de-una-gran-ciudad/

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