En Santo Domingo, Consejos, Ciudad Colonial, Gente y Cultura, Gastronomía y Vida Nocturna

Además de su riqueza histórica y cultural, la capital dominicana es un cofre lleno de sorpresas. Desde su gastronomía, con sabores del Caribe, la música de sus calles, su encanto es inagotable.

Por Pedro Aguilar Ricalde @pmaguilarr | Life and Style (Expansión), julio 30, 2022

La primera visita a República Dominicana es una lección de historia que permite entender el destino de todo el continente americano. Cualquier recorrido realizado por la zona colonial está lleno de frases como “Esta fue la primera calle de América” o “Aquí se estableció la primera universidad del Nuevo Mundo” y uno no puede más que maravillarse al pensar en la manera en que esos acontecimientos influyeron en nuestro presente: la llegada del idioma español, el intercambio de productos entre Europa y América, las fusiones gastronómicas, la reconfiguración del mundo…

Bartolomé Colón instauró la Ciudad Colonial en 1498 sobre el río Ozama, y casi 500 años después, en 1990, la UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad. Una trascendencia que siempre ha estado ligada con todos los acontecimientos que han tenido lugar en más de cinco siglos.

Hoy, recorrer sus calles, visitar sus monumentos y museos, comer en sus terrazas, hablar con su gente y percibir los olores de comida y las notas musicales que inundan sus calles es ser testigo de un presente que se manifiesta vivo y luminoso a través de sus tradiciones.

Ejemplos hay muchos y tiempo es lo que en ocasiones falta, pero lo importante es no perder de vista que aquí hay opciones para todos. El Museo de las Atarazanas Reales tiene apenas tres años de vida, pero gracias a una museografía de primer nivel y a los recursos tecnológicos, permite a los visitantes familiarizarse con los tesoros extraídos de las costas dominicanas durante distintas expediciones de arqueología subacuática.

El Alcázar de Colón, la fortaleza Ozama, la catedral, el Museo de las Casas Reales y el Panteón de la Patria completan una lista de lugares de interés que, ya se visiten a pie o en bicicleta, preparan el cuerpo y el estómago para las paradas gastronómicas.

El menú dominicano más tradicional incluye platillos como chivo ripiao, sancocho dominicano, las catibias (empanadas) de lambí, cangrejo o bacalao, el concon con habichuelas y los omnipresentes patacones, que pueden disfrutarse en establecimientos de probada reputación como el Mesón de Bari. Además, también nos encontramos con la visión de una nueva generación de cocineros, como Saverio Stassi y Noemí Díaz, quienes están al frente de los restaurantes Ajualá y Pat’e Palo y apuestan por conceptos marcadamente inspirados en los ingredientes y las tradiciones locales, pero apuntalados en técnicas y presentaciones contemporáneas.

Otros establecimientos como Maraca, además de ser un escaparate del encanto culinario del Caribe, han apostado por crear espacios en los que el diseño es también protagonista. Si de disfrutar de otra de las delicias dominicanas se trata –evidentemente estamos hablando del ron Brugal–, este es el lugar indicado.

República Dominicana vibra al ritmo de la bachata y el merengue, principalmente de Juan Luis Guerra. Los aromas y sabores de ron, café, platano, moros y cristianos, mamajuana y mojitos de chinola –el nombre que los dominicanos dan al maracuyá– llenan sus calles y las mesas de sus bares y restaurantes. Aquí la vida avanza a una velocidad distinta, la que imponen las olas y la brisa del Caribe.


Artículo original: https://lifeandstyle.expansion.mx/viajes-y-gourmet/2022/07/30/lo-que-santo-domingo-ofrece

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